¿Qué es el seguro W&I?
En una compraventa de empresa, el vendedor suele formular declaraciones sobre la sociedad: por ejemplo, que sus cuentas reflejan adecuadamente su situación financiera, que está al corriente de sus obligaciones fiscales o que no existen litigios relevantes sin comunicar. Estas declaraciones y garantías —conocidas como representations and warranties— sirven al comprador para valorar qué está adquiriendo.
Si una declaración resulta inexacta y causa una pérdida económica, el comprador puede reclamar conforme al contrato. El seguro W&I cubre determinadas pérdidas derivadas del incumplimiento de las garantías aseguradas, dentro de los límites y condiciones de la póliza.
La modalidad más habitual es el seguro contratado por el comprador, que le permite reclamar directamente a la aseguradora por los incumplimientos cubiertos. En un seguro contratado por el vendedor, la póliza puede protegerle frente a la responsabilidad que conserve frente al comprador. La estructura concreta depende de la operación y de lo pactado.
Así, el seguro puede ayudar a conciliar dos objetivos: que el comprador tenga una vía de recuperación ante ciertos riesgos desconocidos y que el vendedor pueda limitar la responsabilidad que asume después de la venta. También puede reducir la necesidad de retener parte del precio o depositarlo en una cuenta escrow, aunque no siempre elimina esos mecanismos.
¿Qué puede cubrir?
La cobertura se determina a partir de las garantías del contrato de compraventa, la información disponible y el análisis de riesgo de la aseguradora. Según la póliza, puede incluir pérdidas relacionadas con las cuentas, los impuestos, los trabajadores, los contratos, la propiedad intelectual o el cumplimiento normativo.
No basta con que una garantía aparezca en el contrato para que quede asegurada. Hay que comprobar que está incluida en la póliza, cómo está redactada y si está sujeta a condiciones o exclusiones. Además, algunas pólizas cubren ciertos gastos de defensa o reclamaciones de terceros, pero ese alcance también debe constar expresamente.
Conviene distinguir las garantías generales de las indemnizaciones específicas pactadas para riesgos ya identificados. Si la revisión de la empresa detecta, por ejemplo, un litigio concreto, las partes pueden acordar que el vendedor responda específicamente por él. Ese riesgo identificado puede quedar fuera del seguro W&I, salvo que la aseguradora acepte cubrirlo de forma expresa.
Límites y exclusiones que hay que revisar
La póliza fija un capital máximo, es decir, el importe total que la aseguradora podría pagar por las reclamaciones cubiertas. La Ley de Contrato de Seguro establece, para los seguros de daños, que la suma asegurada representa el límite máximo de indemnización.
También puede establecer:
- Un importe mínimo por reclamación (de minimis): por debajo de esa cantidad, una pérdida individual no puede reclamarse al amparo de la póliza.
- Una franquicia o retención: cantidad que debe asumir el asegurado antes de que la aseguradora pague, según el mecanismo pactado.
- Un límite agregado: máximo total que la aseguradora abonará por todas las reclamaciones.
- Plazos distintos según la garantía: algunas coberturas pueden tener una duración diferente de otras. La fecha límite para notificar una reclamación debe quedar identificada con claridad.
Las exclusiones también son esenciales. Es frecuente que se excluyan, con distintos alcances, los hechos conocidos por el comprador, las contingencias reveladas durante la revisión de la empresa, ciertos ajustes del precio o determinados riesgos especiales. El tratamiento de los riesgos fiscales, medioambientales o regulatorios, por ejemplo, puede variar según la operación y la póliza.
En general, el seguro está pensado para riesgos que no se conocían al contratarlo. Si una contingencia aparece en los informes de revisión o se comunica expresamente al comprador, la aseguradora puede sostener que no es un riesgo desconocido y excluirla. Por eso es importante revisar qué información se entregó, qué conocía el comprador y qué figura en las excepciones a las garantías.
La póliza debe leerse junto con el contrato de compraventa: si ambos documentos utilizan definiciones distintas o fijan procedimientos incompatibles, puede surgir una disputa precisamente cuando se necesite la cobertura.
La ley aplicable y la póliza
La Ley 50/1980, de Contrato de Seguro, exige que las condiciones del seguro sean claras y precisas. También dispone que las cláusulas limitativas de los derechos del asegurado se destaquen y sean aceptadas específicamente por escrito, y que la póliza describa las coberturas, exclusiones y límites.
En las operaciones internacionales, además, hay que comprobar qué ley rige la póliza y qué tribunales podrían conocer de una controversia. La ley aplicable puede afectar a la interpretación de las coberturas, los plazos y las obligaciones de las partes. Por tanto, no conviene asumir que la normativa española se aplicará automáticamente a cualquier póliza W&I vinculada a una operación en España.
Cómo actuar ante una posible reclamación
La gestión empieza antes de que aparezca el problema: comprador y equipo de gestión deben conocer qué garantías están aseguradas, dónde se notifican las reclamaciones y qué plazos establece la póliza.
Cuando surja una posible pérdida, es aconsejable:
- Notificarla pronto y por el canal previsto. Si resulta aplicable la Ley de Contrato de Seguro española, su artículo 16 fija como regla general un plazo de siete días desde que se conoce el siniestro, salvo que la póliza conceda uno más amplio. La ley contempla que la comunicación tardía dé lugar a una reclamación por los daños causados por el retraso. A la vez, la póliza W&I puede fijar requisitos propios de notificación, por lo que es importante cumplirlos y no esperar a conocer el importe definitivo de la pérdida.
- Relacionar los hechos con la garantía afectada. La comunicación debe explicar qué declaración del contrato podría haberse incumplido y por qué el hecho entra, en principio, en la cobertura.
- Aportar documentos y explicar la pérdida. Contratos, informes, comunicaciones y cálculos ayudan a la aseguradora a valorar el caso. Si la cuantía todavía no puede determinarse, conviene indicarlo y actualizar la reclamación conforme se disponga de nueva información.
- Coordinar la respuesta a terceros. Si la contingencia deriva de una reclamación de un cliente, trabajador o autoridad, la póliza puede exigir que se informe a la aseguradora y que se obtenga su consentimiento antes de aceptar responsabilidad, cerrar un acuerdo o incurrir en determinados gastos.
- Reducir razonablemente el daño. El asegurado debe actuar para evitar que la pérdida aumente. La Ley de Contrato de Seguro recoge esta obligación de aminorar las consecuencias del siniestro.
Por ejemplo, si después del cierre se recibe una reclamación fiscal relativa a un periodo anterior a la venta, el comprador debería revisar qué garantía fiscal está asegurada, comprobar el plazo y la forma de notificación y comunicar el asunto a la aseguradora. Antes de aceptar una liquidación o llegar a un acuerdo, deberá verificar si la póliza exige su consentimiento.
Una cobertura que exige preparación
El seguro W&I puede facilitar una operación y dar respuesta a ciertos incumplimientos de las garantías del vendedor. Pero no cubre automáticamente todos los riesgos de la empresa ni sustituye la revisión legal, financiera y fiscal de la operación. Su eficacia depende de que el contrato y la póliza encajen, de que las exclusiones se entiendan y de que las reclamaciones se comuniquen y documenten correctamente.
Desde Belzuz Abogados S.L.P., ponemos nuestra experiencia en Derecho de Seguros al servicio del análisis de las cuestiones aseguradoras que pueden plantearse en relación con pólizas W&I y reclamaciones derivadas de operaciones de M&A. En cada caso, conviene revisar conjuntamente la póliza, el contrato de compraventa, la ley aplicable y las circunstancias concretas de la pérdida.